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El hamam

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El otro día fuimos al hamam, que es una especie de baño público que se encuentra a medio camino entre los baños turcos y las duchas de polideportivo municipal de mi barrio.

Hay un hamam para hombres y otro para mujeres. Yo os voy a contar un poco cómo es el de hombres, porque el de mujeres aún no he tenido el placer de conocerlo.

Primeramente entras desde la calle a un vestuario donde te quitas la ropa y te dan un par de cubos para entrar en lo que es el hamam en sí. Una vez dentro te encuentras en una sala enorme llena de gente, envuelto en una espesa niebla de vapor de agua caliente y más perdido que Nemo, porque realmente no sabes qué se supone que debes hacer. Dentro nadie habla francés y a nosotros nos habían dicho que te daban masajes con jabón, pero nosotros sólo veíamos gente lavándose sola. Así que empezamos a hacer lo que veíamos que hacía todo el mundo, que era coger agua con los cubos, pero ahí no aparecía nadie a masajearnos, con lo que decidimos salir a preguntar.

Al poco nos mandan a sendos “colegas” que nos dicen que nos tiremos en el suelo y empiezan a frotarnos el jabón con todas sus fuerzas, que eran tantas que llegaba a doler. Luego cogieron una manopla que parecía una lija del 4, de hecho probablemente estuviese hecha con lija del 4, y empezaron a frotarnos. Yo creía que acabaría sangrando. Para terminar nos retorcieron todas las extremidades hasta crujirnos los huesos y nos aclararon con agua congelada.

Yo me sentí un poco como un recién llegado a un campo de concentración (perdón por la comparación), con todo el mundo hablando un idioma que yo no entendía y diciéndome las cosas con gestos mientras me fregaban como si nunca me hubiese lavado en la vida.

Lo cierto es que al final, pese a lo doloroso y traumático del proceso, salimos de ahí como nuevos y con la piel lisica lisica. También llegamos a la conclusión de que aunque aquí todo el mundo va al hamam habitualmente y con normalidad, si un local de este tipo estuviera en España, estaría, con toda probalbilidad, en el barrio de Chueca de Madrid.

Comprar alcohol

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El sábado fuimos a la playa y pasamos por el puerto para comprar marisco y pescado para la cena. Compramos seis centollos, un kilo de gambas y un pescado que era como una lubina grande por apenas 20 euros. Ya sólo nos faltaba el vino para acompañar y por la tarde me acerqué a comprarlo. No era la primera vez que comparaba alcohol en el supermercado, pero sí que fue la vez que más me costó conseguirlo.

Aquí los supermercados venden el alcohol (los que lo hacen) en una tiendita aparte que cierra a las 19:00 por ley, y que parece cualquier cosa menos un negocio legal. Yo llegué a las 18:30 y estaba echado el cierre. Fuera había una marabunta de gente apelotonada a la espera de que levantaran la reja para entrar a conseguir su dosis de néctar para infieles. De vez en cuando, se abría un poco la puerta para dejar salir a unos pocos que ya habían conseguido comprar lo que querían y ahora debían atravesar la masa de gente que no paraba de empujar para conseguir salir totalmente. Una vez evacuada la tienda completamente, volvían a abrir para que los que estábamos fuera entrásemos en avalancha y sin orden alguno. Aquí las colas no existen, así que lo más práctico es tener un cuerpo habituado a moverse entre la gente y entrar con el dinero en la mano para, en cuanto llegues al mostrador, tratar de pedir lo más fácilmente posible. Una vez conseguido el vino, sólo falta abrirte paso a empujones para conseguir salir con tus bolsas negras para que no se vea lo que llevas dentro. Así es la hipocresía en este país…

Tiempo de perros

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Hoy ha salido el sol y las temperaturas permiten andar por la calle en mangas de camisa. Sin embargo, el viernes pasado empezó a llover. Empezó a llover y no paró hasta ayer. No se registraban tantos días seguidos de lluvia ni con tanta intensidad desde mil novecientos treintaytantos. Bajaban ríos de agua por las calles y las obras del tranvía Rabat-Salé quedaron anegadas como podéis ver en la foto. No obstante, hoy ha salido el sol y mañana iremos a la playa.

Conduire au Maroc

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Conducir en Marruecos es más una cuestión de huevos que de conocimiento. Pero no sólo conducir, un peatón en Marruecos se juega la vida cada vez que cruza la calle. Llevo ya casi un mes en este país y os aseguro que sólo he visto un semáforo de peatones que funcione, y no muchos más para vehículos. De los pasos de cebra mejor ni hablamos, porque aquí no hay cebras.

Para cruzar la calle, muchas veces la gente se apelotona en la acera en las avenidas y cuando se alcanza una masa crítica de personas un valiente se lanza y todos van detrás. Los coches, ante la marabunta de gente, se ven obligados a reducir la marcha, que no a parar, y así la gente consigue llegar a la acera de enfrente. De vez en cuando hay alguna baja pero los peatones lo vemos como un riesgo asumible ante la alternativa de vivir confinados siempre en la misma manzana.

También está la técnica del torero, consistente en cruzar poco a mientras te pasan coches y motos por delante y por detrás.

Las normas de tráfico son sencillamente ignoradas por todo el mundo y cuando alguien hace una pirula los demás se descubren ante él por haber sido más listo y haberles ganado la mano. Es frecuente ver cómo hay un semáforo en rojo en un cruce y llega uno y se coloca en sentido contrario adelantando a toda la fila de coches que espera a que el semáforo se ponga en verde. Sólo si la pirula es muy grande se toca un poco el claxon, se grita ¡haluf! (cerdo) y se deja correr.

En las rotondas hasta ahora tenía prioridad el que entraba por la derecha, es decir, cuando estabas dentro de la rotonda nunca tenías la prioridad. Parece que esto lo quieren cambiar para que sea como en Europa, así que ahora conviven las dos normas, con el consiguiente caos que origina.

Mucha gente conduce con los retrovisores metidos para entrar mejor entre los coches. Total, para lo que los usan…

Con todo esto, si la policía ve a 8 individuos metidos en un Fiat Palio, sin cinturón, y el conductor hablando por teléfono no dice nada. Es más, si saludas, te devuelven el saludo (verídico). Eso sí, se ponen con el radar en los peajes de las autopistas para cascar multa a todo aquel que no vaya a 30.

Así, no es extraño que todas las semanas escuchemos algún frenazo desde la oficina, seguido por un “uyyyy” aclamado por todos los becarios de la planta. Para no agobiaros con cifras, os resumo las estadísticas: El parque automovilístico marroquí es la décima parte del español y cada año mueren en las carreteras un tercio más de personas que en España. Acojonante.

Os dejo un vídeo para que lo veáis con vuestros propios ojos.

Dinerito

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Pues ayer fui a sacar dinero y el cajero me jodió la tarjeta.

Mientras la Kutxa me manda una nueva, he decidido sacar pasta con la tarjeta de Cajamadrid, y esta mañana he sacado 4.000 DH que el cajero me ha entregado en un fajo de billetes de 100, digno de cualquier mafioso, que me ha resultado imposible de guardar en la cartera.

Aquí el billete más grande que existe es de 200 DH (algo menos de 20€) y en este país apenas saben lo que es una domiciliación, por lo que a primeros de mes los cajeros se vacían debido a la cantidad de gente que va a retirar grandes cantidades de su paga para pagar el alquiler y las facturas. La luz, agua y teléfono se pagan a tocateja en los estancos. El pago con tarjetas tampoco está apenas extendido, y queda reservado para las grandes superficies.

Los alquileres en la zona en que vivimos van de 3.500 DH a más de 10.000, y hay cajeros que como mucho dispensan 2.000 DH de una sola vez, lo que hace que el hecho de conseguir reunir el efectivo necesario para realizar los pagos mensuales se complique más si cabe.

A pesar de todos los contratiempos que supone el manejar grandes cantidades con billetes pequeños, me encanta la sensación de llevar la cartera a reventar…

Buscar piso

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Llegamos el viernes pasado a Rabat los cinco becarios que emprendíamos juntos esta aventura. Tres ya tenían piso y dos no, y yo estaba en el segundo grupo.

De momento me alojo en casa de un compañero mientras encuentro algo, pero no creo tarde mucho, porque aquí las cosas son de la siguiente manera: Cuando apenas llevábamos una hora en el barrio y estábamos buscando algo para llenar nuestros hambrientos estómagos, se nos acercó un hombre, al vernos despistados, para preguntarnos qué necesitábamos. Le acabamos diciendo que éramos nuevos en el barrio y que dos de nosotros buscábamos alojamiento y él nos dijo que en la esquina se alquilaba un piso, que entráramos en el edificio y que preguntáramos por Moahid, y que él nos lo enseñaría. Pedía 3.500DH (menos de 350€), pero era sólo para una persona y no nos interesó pese a estar muy nuevo. Antes de llevar un día en Rabat ya habíamos visitado un piso y quedado para ver otro. Todo en el barrio de la oficina.

Los pisos suelen ser sin amueblar, y cuando ves algo amueblado suele subirse bastante de precio, así que lo más probable es que cojamos algo para compartir y así sólo tener que amueblar una cocina y un salón.

Durante el fin de semana también nos pateamos el barrio para ver qué veíamos, pero pronto nos dimos cuenta de que aquí la gente no suele poner carteles en la calle para alquilar piso, así que rápidamente pasamos al plan B, y ya tenemos a Mohamed, el camarero del bar de la esquina, ganándose una propina a cambio de información. También hay un par de porteros buscándonos cosas, y ya hemos visto 5 ó 6 pisos. El boca a boca entre la comunidad europea también funciona.

Por supuesto, siempre quedan las agencias, pero es la opción cara.

Supongo que antes del fin de semana tendremos algo.

Marruecos

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